domingo, 8 de septiembre de 2019

Escribo

Escribo como escribía, antes de olvidar como escribir.

Escribo de noche y taciturno. Hilando ideas de par en par que no se pierdan entre la tinta y el papel.

Escribo con ilusión de ser leído y con la certeza de ser escrito.

Escribo mientras me leo, antes de escribir. Como cuando se habla antes de pensar.

Escribo para esperar que escribas. Es por ansiedad a leerte que lo hago.

Escribo sin decir cosa alguna, simplemente es para no dejar en blanco esta página.

Escribo y la música suena, las notas se van esparciendo desde el cuarto hasta la alacena.

Escribo para no pensar en esto y en aquello, para no obsesionarme con tu ser, que es bello.

Escribo para plasmar lo que experimentó  y siento, para aprender y seguir.

miércoles, 16 de julio de 2014

Tengamos un jardín.

Quiero tener un jardín en nuestra casa. Quiero que en nuestro jardín tengamos flores y árboles de varios tipos, plantas diversas y tal vez hasta hongos cuando llueva.

Sembraremos dos árboles, uno será de magos y el otro un almendro. El mango nos recordará la dulzura de la vida y la alegría que causa el disfrutarla. El árbol de almendras no dirá continuamente que hay cosas que requieren esfuerzo, dedicación y paciencia.

Plantaremos jamaica y ajenjo para tener una planta con flor y una sin ella. La flor de jamaica dará color al jardín y el ajenjo ayudará  a limpiarnos. Quiero que, con la flor de jamaica, bebamos en grandes vasos cuando estemos sedientos y cansados; con el ajenjo aprenderemos a pasar los tragos amargos que sean necesarios para estar en paz.

Cuidaremos de un panal al centro del jardín para poder aprender que el esfuerzo en el trabajo siempre deja un sabor delicioso cuando se culmina. También para nunca olvidar como trabajar juntos, como un equipo.

Pondremos en los árboles del jardín bebederos rojos con aguamiel para que los colibrís vayan y vegas, y así nunca olvidar que existen momentos tan breves como bellos en la vida y tenemos que estar atentos a ellos para no perderlos de vista.

Tengamos un jardín para descansar entre flores y árboles, para observar nuestras metas y nuestros logros. Tengamos un jardín para estar a solas y poder ver nuestros errores, pero sobre todo nuestros aciertos. Tengamos un jardín para soñar entre zumbidos y trinares.

Tengamos un jardín para descansar mientras nuestros hijos se cansan de correr y jugar.

miércoles, 1 de enero de 2014

El tiempo pasó.

El tiempo pasa. Eso es innegable e imposible de perturbar. El tiempo, esa concepción de algo que no podemos aprehender. No hay nada que podamos hacer para impedir que así suceda, no podemos cambiar ese incesante transcurrir.

Hay muchas cosas que quedan fuera de nuestra capacidad de modificar y/o acondicionar a nuestra conveniencia. Existen muchos fenómenos que sólo sirven para demostrar la futilidad de nuestra existencia como individuos. Tenemos que reconocer también que podemos modificar muchos aspectos del entorno para nuestro beneficio, aunque éste sea a corto o mediano plazo. Podemos construir y destruir de manera significativa para satisfacer tal o cual necesidad. Somos capaces de adaptarnos a diferentes circunstancias con el simple propósito de sobrevivir; tal es el caso de las inclemencias del tiempo, las regiones geográficas donde nos asentamos y recidimos, las formas de gobierno, el envejecimiento de nuestros cuerpos, las nuevas relaciones que entablamos hasta en las tendencias de comportamiento y vestido. Nos adaptamos para seguir viviendo y eso es una gran capacidad que nos ha permitido estar en éste lugar.

Sin embargo el tiempo no deja de transcurrir y también nos adaptamos a ello. No sólo el tiempo biológico que nos permite evolucionar como individuo sino también aquella concepción abstracta que nos rige sin pedir consensos.

Nos adaptamos a todo y aquellos que no logran adaptarse no son capaces de seguir aquí. El que no se adapta o acondiciona inevitablemente muere. El mejor ejemplo de ésto son las enfermedades; es gracias a nuestra capacidad de modificar las condiciones inmediatas de nuestro contexto lo que nos ha permitido desarrollar tecnologías para beneficio propio, hablo en particular de vacunas y tratamiento para combatir las enfermedades que existen. Viruela, sarampión, varicela, gripe, polio, tuberculosis, cáncer y hasta SIDA hoy día no resultan fulminantes para nosotros. Me refiero a que pese a su existencia y que generen muertes, no resultan apocalípticas para nuestra especie.

Pero qué sucede cuando no podemos curarnos de algunas enfermedades, ¿qué pasa cuando no somos nosotros quienes se adaptan? Entonces somos quienes morimos. Adaptarse o morir. Ése ha sido el moto durante siglos de la evolución y supervivencia. No me atrevo a decir que de la vida en general puesto que pecaría de petulante, yo no sé de la vida ni me jacto de entenderla.

Es irremediable, quien no se adapta muere. Tal fue el caso de mi abuela, no se adaptó. Resulta ser que el cáncer es una de las mutaciones celulares con mayor capacidad de adaptarse a los organismos vivos en los que se desarrollan. Es cierto que tenemos muchas herramientas y tecnologías diseñadas para reducir drásticamente las complicaciones de éste; no fue posible con Martha Beatriz. Puedo resultar simplón y enunciar que fue ella quien no se adaptó y por consecuencia murió, puedo echarle la culpa a medio mundo, inclusive puedo culparme a mí por su muerte pero no soy un simplón.

Todas las consecuencias se generan a partir de un cúmulo de decisiones. No existe un factor exclusivo para la condición en las que se encuentra cada uno de nosotros, son muchas cosas que van intercalándose y definiéndonos como individuos y a su vez como grupo o sociedad si les agrada más el término.

Hace dos años fue la última cena de año nuevo de Martha Beatriz. No les voy a contar como existía la desesperación por la incertidumbre, tampoco el ambiente tan decaído que hubo esa vez. Seamos sensatos, nadie puede asegurar cuando será la última vez que hagan ésto o aquello. Si iba a ser la última cena tendría que ser una buena cena, ¿por qué no? La cena fue.

El fin de año subsecuente llegó como esta calendarizado y así también una de las cenas más melancólicas en las que he estado. No resulto de lo más cómodo estar ahí. Todo mundo seguía intentando hacerse a la idea de que ni ella ni su hija estaban. Los meses subsecuentes fueron pasando sin tomar en cuenta nada de lo sucedido. El tiempo seguía pasando.

Mi abuela está muerta. De ésto hace ya dos años y el tiempo no ha dejado de transcurrir. El lugar de mi abuela esta vacío y nadie se queja de ello, todos han aprendido que está ausente. Se cumplió el duelo debidamente, hay quienes se siguen entristeciendo pero saben que es imposible decir que no es cierto. El tiempo pasó y nos adaptamos a su muerte.

Ntehni.

miércoles, 24 de julio de 2013

Martha Beatriz

Te levantas antes que el mismo amanacer y vas en pos de algo que te mantenga entretenida, a veces es la costumbre, a veces es lo extraordinario, pero siempre has de estar en pie desde temprano. No importa el frío, la lluvia o la niebla. En ocasiones creo ancestral esta carrera que tienes ante el mundo, saber que triunfante sales en cada ocasión ha de llenarte de orgullo y fatiga.
Cuidas de tus animales como los únicos acompañantes y confidentes que te quedan, apartada de tus engendrados, separada de tu pareja por la muerte misma. Herida de por vida, lastimada y silenciosa, ejemplo de la mujer mexicana: callada y abnegada, sufriendo en silencio y esperando que la fé resuelva tus penares y calme tus angustias. Vanagloriada por tus hijos en este día y olvidada ante la saludable costumbre.
Dévota hasta la muerte y fiel a tus peregrinaciones hasta que te fué permitido, entrometida en todo evento de tu casa y mordaz crítica de lo que no te resultaba fácil de asimilar. Necia como todo tu linaje y obstinada como nadie a tus costumbres.
Para ti no hay nada más allá de lo que no logras comprender, para ti no hay complejidades en esta vida, solo una causa y un efecto divino que conforta tu mundo. Una vida dramática que se extiende por toda tu casa y que hemos protagonizado cada uno de sus miembros.
Hoy es el amanecer quien te gana. Hoy tu monótona vida a sido transgredida y tu saludable costumbre es amedrentada. Hoy la carrera ha cesado y resultas tu la vencida por el sol, la lluvia, el frío y la niebla. Hoy estas presente en el pensamiento diario de tu casa, de tus hijo e inclusive de algunos de tus nietos. Has dejado tu falda, faja y blusón por una bata azul sin sentido. Ya no hilas a la sombra de un "pirul". Ya no tejes lana frente a tu casa, sentada en el pasto y siendo acariciada por la luz de la tarde. No más atole champurrado hecho con tus curtidas manos. El maíz se ha guardado en el tapanco y no se desgrana más.
¿Qué haces hoy en una cama? ¿Qué haces hoy enferma? ¿Será acaso que deseas descansar un momento?¿Será que tanta carrera te ha fatigado?¿Qué haces hoy resentida por malestares?¿Qué haces hoy con cáncer?¿Qué haces hoy en una cama? ¡LEVÁNTATE YA!¡LEVÁNTATE POR FAVOR!
Es acaso que te ha fastidiado esta vida maltrecha. Es acaso que estas cansada de ser mártir de tu propia historia. Será que has desfallecido ante tanto sufrir.
Dime pues que es lo que te impide levantarte de esa cama y salir a tomar el sol siquiera. Déjame ver ese brillo en tus ojos al contemplar a tus nietas, las más jóvenes. Regálame un cinto hecho de tu lana tan pacientemente tejida. Hazme un champurrado, por favor. Transforma estas lágrimas de preocupación por unas lágrimas de gozo. Permíteme festejar con tus hijos un día de las madres más y calmar las angustias de tu descendencia.

Quiero verte en paz.

Ntehni.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Diario íntimo de un guacarróquer (extracto)


(...)¿A qué hora envejeciste? (...)

[...] No te hagas pendejo, la decrepitud te cayó encima cuando se murió tu primer amigo; el día que tu papá estuvo a un paso de quedarse para siempre en las tripas de un hospital para enfermos terminales; la tarde que fuiste al funeral de tu suegra; cuando tu cuñado se quedó viudo por vía de un crimen absurdo, horrendo: la mañana que por ti ya no vino ese tío querido que te invitaba los domingos a comer barbacoa. Ahí fué cuando la primera cana te ardió hasta el culo, ahí mero fue que aprendiste a medir la vida en cuenta regresiva, y sentiste el peso de los putos años. ¿No te cae el veinte, güey? Los que no envejecen son los que se van para siempre. Los que nunca se hacen viejos son los que jamás ven morir a sus amores, por que se nos adelantan, a ti y a mí, y nos vuelven supervivientes, migajas en una mesa después del banquete. ¡Claro, cabrón! La fuente de la eterna juventud es un ataúd, un hoyoen la tierra, el horno de un crematorio.[...]"

Armando Vega-Gil